Sobre el libro A veces… de Patricia Gómez
A VECES……..Ser mujer en Chile, como en cualquier parte del mundo, además de natural, puede llegar a ser bastante complejo. Esta complejidad a la que aludo pareciera provenir en parte de la propia naturaleza femenina con todas sus implicancias, pero además de las multiplicidad de roles que las mujeres debemos desempeñar en nuestra familia y en la sociedad.
Pero a veces… ser mujer y además ser poeta puede llegar a ser aún más difícil. Porque no se trata de vivir ajena a la realidad cotidiana ni a la voluntad de reflexión sobre dicha realidad: es más bien sumergirse en la vida de carne y hueso que tal condición femenina y tal condición de poeta conlleva.
Así es como siento este hermoso poemario de Patricia Gómez: vivo, profundo, sabio. Escrito desde una mirada amplia y lúcida, pero también desde una sensibilidad muy particular y esencialmente femenina.
Y aunque no pretendo de modo alguno desplegar un discurso feminista, en esta ocasión me vienen a la memoria las palabras de la escritora y gran estudiosa de la literatura latinoamericana Marjorie Agosín, “… las voces de las mujeres, de las abuelas, de las madres y de las hermanas brillan, ya sea por el silencio estéril que las adorna o por las palabras en las cuales se dibujan las esencias, las turbulencias de ser mujeres…entre escribir y amamantar a los niños, viajar a los mercados para sobrevivir…se gestan formas de ser no divorciadas de los textos o de las escrituras, sino asumiendo que las palabras, las imágenes, los bordados, son parte de la vida misma.”
Cuando Patricia Gómez nos dice “a veces… cargo un cansancio /que me aplasta el aire, la tierra / y todos los mundos que habitan en ella dejan de tener importancia” puedo palpar que ese cansancio es el mismo que cargan todas las mujeres y que hacen que los días se escurran como “luciérnagas imperceptibles”.
Pero este cansancio en ningún caso le impide a la autora percibir la vida en toda su belleza y plena de sentido. Así, nos dice, en su alabanza: “a veces…las cosas cotidianas se hacen una obra maestra en el día, una palabra con sentido llena libros con tapas de esperanza. /A veces/lo simple/¡es tan bello!”
No obstante, esta escritura está lejos de exhibir el predominio de un tono doméstico e intimista. Por el contrario, se manifiesta más bien rica en perspectivas, con un amplio registro y abierta a diferentes interpretaciones. Como cuando, en un pulso vital, nos dice
“En mí arde la vida…esa que no se ve/no se huele, ni sabe a hogar”
La unidad de esta obra no es estática, sino que transcurre viva y dinámica, más allá del tiempo (pasado, presente y futuro desdibujan sus fronteras), en un sistema activo que integra distintas dimensiones.
Exploremos algunas de ellas:
- Lo sensual, la carne, el deseo.
“Mis caderas son comarcas de lobos/ que se escapan de la jauría asfáltica en busca de apareo”.
- La identificación (empatía, compasión) con el dolor de los otros en esta tierra. Desde sí misma se despliega hacia el mundo al decirnos:
“Me duele el dolor del que tiene hambre/de aquel que estranguló la esperanza”
“Me duele la inmaculada mirada del animal huérfano.”
-El Amor
“Amo y me aman, como si fuera yo única/ Amo y me aman, como si fuera real”
-La fugacidad del tiempo
“Se me escapa el tiempo/en estas manos dormidas/ desaparece como si no existiera.
-La dualidad, los opuestos
La felicidad se enreda/con la tristeza en un abrazo eterno
-Un sentido cósmico de la existencia, la comunión del ser con el universo.
“Los universos se abrazan extasiados ante mi pequeña alma inquieta/y soy en todo7y mágicamente/todo es en mí.
…vuelo entre los siglos…acaricio las vidas todas y también a los muertos que me saludan…
Hay aquí una búsqueda de sentido muy profunda, que trasciende lo espacio-temporal y que a veces pareciera haber sido escrita desde un estado casi etéreo, de honda conciencia mística.
Debo decir que estamos ante una obra que además de constituir un sistema expresivo definido de gran intensidad síquica, sorprende por la coherencia interna en el lenguaje. Me ha deleitado el tono poético de estos textos y cómo en ellos se revela la autora en toda su individualidad, con osadía y compromiso.
Como lectores, estamos invitados a recorrer su particular visión de la realidad y a descubrir un código lingüístico que ilumina los variados objetos poéticos, unificados a través de su expresión estética.
Patricia, no me queda sino felicitarte por tu libro, agradecer el gozo que me ha brindado e invitar a todos ustedes a asomarse a la inagotable fuente que es tu poesía.
Porque estoy segura de que en ella, no sólo a veces, sino siempre cada lector descubrirá nuevos tesoros.
Ana María Vieira
Santiago, 22 de mayo de 2008